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Según una experta en longevidad, el estrés es lo que más envejece a las mujeres

La genética influye en la duración de la vida, pero solo hasta cierto punto. De hecho, apenas entre un 30 % y un 40 % de la longevidad puede explicarse por los genes; el resto tiene que ver con cómo vivimos.

Las mujeres generalmente viven más años que los hombres y, aunque pueden envejecer más despacio en términos biológicos, también enfrentan una presión constante que pasa factura con el tiempo. Para Sandra Eifer, cirujana cardíaca especializada en medicina de género y autora de How Women Live Longer, el mayor enemigo silencioso de la salud femenina es el estrés prolongado.

Eifer señala que, aunque las mujeres tienen ventajas biológicas —como dos cromosomas X, telómeros más largos y un sistema inmunitario más resistente—, estas no son suficientes para contrarrestar el impacto del estrés si no se cuida el estilo de vida.

¿Por qué es tan dañino el estrés?

La experta afirma que “nada envejece más rápido a una mujer que el estrés” porque la presión por cumplir con múltiples expectativas en el trabajo, en la familia y en la sociedad puede afectar negativamente funciones vitales como el corazón, el cerebro y el equilibrio hormonal.

Además, según Eifer, las mujeres tienden a responder al estrés con cambios más intensos en el organismo —por ejemplo, en la presión arterial, en el ritmo cardíaco y en los niveles hormonales— en comparación con los hombres.

Más importante que los suplementos: descanso y autocuidado

En lugar de enfocarse solamente en fármacos o suplementos “milagrosos”, la especialista propone algo más simple pero fundamental: bajar el ritmo, proteger la salud mental y aceptar el derecho a descansar.

Meditación, ejercicio, actividades que den placer y descanso real —no solo “estar ocupada”— son estrategias que, según Eifer, ayudan a reducir el desgaste físico y emocional. También destaca que expresar emociones como la ira de forma saludable puede ser beneficioso.

Edades clave en la vida de una mujer

En su libro, Eifer identifica tres momentos críticos en los que los efectos acumulados del estrés y los cambios hormonales se hacen más evidentes:

  • 45 años: empiezan los cambios hormonales y se reduce la protección del estrógeno.
  • 60 años: el cuerpo refleja más claramente el impacto del estrés acumulado.
  • 70 años en adelante: cobra mayor importancia la vitalidad, la independencia y los vínculos sociales.

Además, la experta menciona las llamadas “Zonas Azules” —lugares del mundo donde la gente vive más y mejor— donde las mujeres mayores mantenían roles activos en comunidad, con sentido de pertenencia y movimiento diario, factores asociados a una vida más saludable.

En resumen

Más allá de la biología, el estilo de vida —especialmente la forma en que manejamos el estrés— tiene un papel central en cómo envejecemos. Priorizar la salud mental, descansar, moverse y soltar el perfeccionismo podría ser más determinante para una vida larga y plena que cualquier rutina estética o suplemento.

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